meritbetmeritroyalbet girişmeritroyal betmadrid betelexusbetelexusbet giriş Discurso de Consuelo Valdés, Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio | Museo de la Memoria y los Derechos Humanos
Discurso de Consuelo Valdés, Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio

En el marco de la ceremonia de instalación del estandarte presidencial rescatado de La Moneda después del golpe de Estado, desarrollada el 11 de enero de 2019 en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, la Ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés; presente en la actividad, dirigió al Museo unas palabras por su valioso trabajo, las que compartimos a continuación:

 

«Muy buenos días, amigas, amigos.

Quisiera agradecerle al director del Museo, Francisco Estévez, por la invitación que he recibido como representante del ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, para ser parte de este acto tan profundo y cargado de simbolismo.

Por un lado, la restauración de una bandera de Chile, acervo histórico del país, pero no cualquier bandera. Y, además, que ello ocurra en este espacio, un lugar encargado de mantener vigente el valor del respeto a los derechos humanos y para que la memoria y el sufrimiento que vivió Chile no quede en el olvido.

Deseo comenzar este mensaje realizando un reconocimiento al valioso acto de quien rescatara la bandera de Chile aquel dramático 11 de septiembre de 1973; una bandera que se acostumbraba enarbolar solo allí donde se encontrara el Presidente de la República. Desde el anonimato, y en completo silencio, esa persona realizó un invaluable aporte al patrimonio cultural del país. Como también lo han hecho quienes han trabajado este último año en su restauración. A todos ellos, muchas gracias.

Gracias por su contribución, porque en la bandera está impreso el símbolo de un colectivo. La palabra símbolo es polisémica –al igual que cultura, tiene una inmensa variedad de significados-. Es historia, es palabra, es memoria, es nuestra identidad. Es pasado, pero también es futuro. En sus íconos y colores se funde la complejidad de lo que somos y también del destino común que compartimos.

No es casualidad que tantos poetas le dedicaran líneas a la bandera. Hoy quisiera recordar las palabras de Pablo Neruda en su poema “Cómo nacen las banderas”:

“Están así hasta hoy nuestras banderas.
El pueblo las bordó con su ternura,
cosió los trapos con su sufrimiento.

Clavó la estrella con su mano ardiente.

Y cortó, de camisa o firmamento,
azul para la estrella de la patria.

El rojo, gota a gota, iba naciendo”.

Cuarenta y cinco años atrás, esa bandera -con toda su singularidad- estuvo en peligro de ser consumida por el fuego. Hoy, aquello es parte de nuestra historia y estamos aquí para que esa misma bandera emblemática, ya restaurada, con cariño y esfuerzo, sea expuesta al público visitante de este Museo. Para que la reconozcan quienes vivieron aquellos años y también, o quizás, especialmente, para que incite reflexiones en futuras generaciones de visitantes.

Que además este acto esté ocurriendo en este preciso lugar también está cargado de simbolismo. Porque el museo cumple con un rol fundamental de recordarnos siempre que –ante cualquier diferencia o crisis institucional, política y social- lo fundamental es cuidar nuestra capacidad de diálogo, de respeto y convivencia democrática.

Al recorrer los pasillos de este museo, automáticamente nos convertimos en testigos de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado entre los años 1973 y 1990 y el daño irreparable a muchos compatriotas.

Pienso que este museo es un gesto de reparación simbólica. Participa del deber ético de recordar el sufrimiento de muchos chilenos. Pero también constituye una alerta permanente a la hora de proyectarnos hacia el futuro.

Esa memoria histórica que nos invita a reflexionar sobre el respeto y la tolerancia es también parte de nuestro patrimonio intangible y pilar fundamental de la cultura.

Las salas de este museo son pues una lección para las futuras generaciones que, así como el viento anuncia una tormenta, el quiebre de la democracia deja como secuela una estela de dolor y un daño irreparable a las víctimas.

Creo firmemente en este espacio museal a la hora de proyectarnos en nuevos horizontes.

Las personas, como las naciones, somos simultáneamente trayectoria y proyecto, somos memoria y futuro. Somos lo que fuimos, pero también lo que queremos ser. Caminamos con una pierna atrás y otra adelante.

De estos muros y vitrinas que miran al pasado brota la necesidad de construir, fortalecer y alimentar una conciencia colectiva.

Los museos son por definición instituciones al servicio de la sociedad. Por tanto este museo es de todos y para todos. No solo para quienes padecieron momentos tristes y dolorosos, sino especialmente para los jóvenes, quienes desde este espacio educativo podrán identificar los aciertos y desaciertos del pasado.

Cuando vivimos en un país donde la mitad de los chilenos no había nacido para el año 1973, esta labor -la de recordar nuestros errores del pasado- se hace especialmente relevante.

Por eso hemos sostenido como Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio – lo he afirmado antes y lo repito nuevamente- que este es un museo necesario para nuestro país. Es un bien público y un espacio de reflexión e inmensa dimensión comunicativa. Es una suma de símbolos a lo que hoy ingresa esta sobreviviente bandera que sale de la oscuridad con su tejido restaurado.

Agradezco nuevamente la oportunidad que me han brindado de ser parte y testigo de esta actividad de valor simbólico y cultural. Es lo que me ha motivado a acompañerlos.

Muy buenos días».

 

Instalación Bandera Presidencial

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