meritbetmeritroyalbet girişmeritroyal betmadrid betelexusbetelexusbet giriş Doctor Araneda enfrenta un segundo procesamiento, ahora acusado de encubrir los vejámenes y tormentos de Quica de Zanzi | Museo de la Memoria y los Derechos Humanos
Doctor Araneda enfrenta un segundo procesamiento, ahora acusado de encubrir los vejámenes y tormentos de Quica de Zanzi

23 de agosto, 2022

En menos de dos meses, el médico cardiólogo Guillermo Araneda Vidal enfrenta un segundo procesamiento en una causa por violación a los derechos humanos, respecto de personas detenidas en Punta Arenas tras el Golpe Militar de septiembre de 1973.

En este nuevo caso, la ministra en visita, Marta Jimena Pinto, sometió a proceso a Araneda como encubridor y cómplice de aplicación de tormentos en perjuicio de la fallecida vecina magallánica Francisca González Fernández, más conocida como Quica de Zanzi, causa penal donde figuran como querellantes sus hijos Carlos y Mario Zanzi González.

A mediados de junio pasado, el mismo médico había sido encausado por un delito similar denunciado por la profesora Rosa María Lizama.

Este lunes, la sala de la Corte de Apelaciones aprobó la libertad provisional de Araneda, concedida por la ministra sumariante, quien permanecía desde el viernes pasado sometido a la medida de arresto domiciliario. Asimismo, se confirmó el monto de la fianza de 500 mil pesos, fijada como caución.

Habla su hijo Carlos

Su hijo Carlos Zanzi, querellante en la causa iniciada en 2019, habló este lunes con La Prensa Austral desde la ciudad de Uppsala, cercana a Estocolmo, Suecia, donde reside desde 1974, aunque cada cierto tiempo viaja a Chile, donde vive su hermano Mario.

El viernes pasado un actuario le comunicó acerca de la decisión adoptada por la ministra Marta Jimena Pinto, en “la causa iniciada con mi hermano, por la detención, vejámenes y tormentos sufridos por mi mamá”, admitió en conversación con este diario.

Dado que sus padres habían fallecido (Quica González murió en 2012 y su marido Carlos Zanzi en 2004), reconoció que les tomó algún tiempo decidir la presentación de una querella contra quienes resulten responsables de las violaciones a los derechos humanos que padeció su madre, detalles que aparecen contenidos en el libro escrito por ella, que tituló “Mi memoria es mi verdad”.

“Y al final lo hicimos (presentan la querella), para lo cual nos pusimos en contacto con las ex presas políticas, considerando que la mayoría de ellas estuvieron detenidas con ella. Mi mamá era como la señora del grupo, porque el resto era muy joven. Con ellas siempre estamos conversando”, confidenció Zanzi.

“Se está haciendo justicia”

A casi medio siglo de la detención y vejámenes que padeció Quica González, su hijo declaró estar contento con la resolución judicial porque “se está haciendo justicia”, destacando la diligencia, acuciosidad e interés con que ha actuado la ministra Pinto.

En su caso, subrayó haber prestado declaraciones en la causa, en Santiago, ante la Brigada Investigadora de Derechos Humanos de Delitos Contra los Derechos Humanos de la PDI. Y también ha debido comparecer a través de la plataforma de Zoom.

Carlos Zanzi tiene entendido que el mismo médico podría estar vinculado respecto de las querellas presentadas por otras ex presas magallánicas que cumplieron reclusión en el regimiento de Ojo Bueno, como en el caso reciente de Rosa María Lizama, donde también fue declarado reo. La mayoría de ellas mencionan al médico Araneda en sus declaraciones.

“No sólo intervino en la situación de mi mamá, sino que en varias situaciones, según el testimonio que ella entregó en su libro”, anota.

En su opinión, Guillermo Araneda era una persona que gozaba de un rango militar, era un subalterno que se limitaba a cumplir órdenes, aunque también le asistía el derecho a negarse, siendo por lo tanto “responsable de sus actos”, enfatizando que “no puede escudarse que sólo cumplía órdenes, menos de una persona que era un médico. Es muy posible que hubo personal de Salud que se negó a actuar de esa forma y tal vez sufrió represalias. El no lo hizo, y por eso es responsable de sus actos”, puntualizó.

Concluyó que la querella solicita que se procese y castigue a todos los responsables. “Araneda pudo ser identificado. Más difícil ha sido identificar a los autores materiales de los delitos. El mal llamado pacto del silencio que proteje a los responsables”.

En 2011, Quica González defendió la memoria de otro médico, Alejandro Babaic. “Lo conozco muy bien y era todo un caballero, a mí me recibió estando presa en Ojo Bueno. Siempre me dio ánimo e intentó reconfortarme. Me internó en el Hospital Naval y después me envió a mi casa. Del otro médico tengo una pésima impresión, pero no lo voy a nombrar porque tiene hijos”.

“Mi memoria es mi verdad”, tituló su libro

Quica escribió uno de los testimonios más
impactantes de la historia de Magallanes

En 2002, la amiga personal del ex Presidente Allende, Quica de Zanzi, editó su libro “Mi memoria es mi verdad”, donde relató su detención en la cárcel y en el regimiento de Ojo Bueno, su posterior relegación en Ovalle, Viña del Mar y Villa Alemana y, luego, su salida del país para exiliarse en Italia y posteriormente en España. Retornó a Chile en 1985. Es uno de los testimonios más impactantes de la historia de Magallanes durante el Golpe de Estado de 1973.

El 18 de septiembre de 1973 un coronel se presentó en la casa de Quica de Zanzi. Su marido Carlos ya había sido detenido.

“Me dijo que lo acompañara a un interrogatorio, idea que pronto deseché al agregarme que preparara una maleta con algunas ropas”.

“Me condujeron a la cárcel. Por orden del coronel fui llevada a una celda de incomunicados.

“Pasé la noche más horrorosa de mi vida, sentada en el suelo y con un frío espantoso, pues el único ventanillo existente no tenía vidrios. A ratos me levantaba, caminaba, sacudía los pies y frotaba mis manos, todo en una horrible oscuridad. Cada cierto tiempo se abría una pequeña mirilla en la puerta y alguien me alumbraba con una linterna. Los ratones pasaban sobre mí. Era horrible. Sentía que se acercaban y trepaban por mis piernas. Los espantaba como podía. Fue una lucha de toda la noche y decidí comenzar a escribir un diario”.

21 de septiembre

“Estoy igual pero muy débil. Las fuerzas me fallan. La mala alimentación y el frío influyen para que vea todo negro a mi alrededor. Ya no me sacan para ir al baño, seguramente para que no me vean los reclusos y evitar los gritos de aliento. Han puesto un balde en mi celda, para que lo use en mis necesidades. Al lado colocan la comida. ¡Es un asco, algo denigrante, doloroso, terrible!

El 29 de septiembre fue trasladada a un regimiento en Ojo Bueno.

“Esposada y vendada me introducen a una pieza. Trato por todos los medios de calmar los latidos de mi corazón, demostrando calma, más al oír muchas voces, ruidos de máquinas de escribir y mucho humo. Una voz tajante y seca me ordena:

-¡Desnúdate!

Pregunto:

– ¿Por qué?

– Tienes que llenar tu ficha me responden.

Me resisto y niego, apelando a mi condición de mujer. Manos rápidas y brutales sacan mi ropa. Tiemblo de vergüenza, rabia e impotencia. Empiezan comentarios sobre mi figura y con una cinta van tomando mis medidas, pechos, caderas, color de pelo, peso y dentadura. Todo lo van anotando, pues una máquina teclea a mi lado. Ríen enloquecidos”.

21 de octubre

Otro interrogatorio

-¿Estás dispuesta a hablar?- inquiere una voz airada.

-¿Qué quieren que diga? No sé nada de armas, no conozco el Plan Zeta. Jamás pensé matar a nadie. Nunca ha pasado esta idea por mi imaginación-, contesto.

Cambian las preguntas.

Llegan más hombres, entre ellos está el general Manuel Torres de la Cruz. Uno exclama:

– Esta es una upienta dura, así que se acabaron los buenos modales.

Comienzan golpes con un material duro. Golpean mis piernas, caderas, pechos, espalda, brazos. Mi carne estalla. Grito y me retuerzo de dolor. Ríen enajenados, gozando con mi carne lacerada.

-No hay ceniceros en la pieza- dice alguien.

Otro responde:

– ¿Para qué quieres ceniceros? Apágalo en el cuerpo de esta puta.

Todos siguen su ejemplo. El tormento es atroz”.

28 de octubre

“Despierto en mi cama del regimiento. Veo las caras de mis compañeras. Unas me colocan paños en la frente, otras masajean mis piernas y brazos. Dicen que pasé varios días fuera, llegué inconsciente y me tiraron a la entrada del dormitorio. Mis piernas son una masa informe por los golpes y las inyecciones de agua destilada con que nos inflan las piernas”.

2ª semana de noviembre

Ahora somos muchas; dicen que 56. Nos sacan del pabellón de tres o cuatro. Permanecen afuera horas o días. Retornan en estado trágico. Cuentan horrores”.

“…La sesión sigue más bruta y terrible. Escucho horrorizada:

Antes de ser liberada fui introducida en el estrecho de Magallanes y sometida a  nuevos interrogatorios con aplicación de corriente eléctrica.

“En el hospital mi recuperación fue lenta, aunque a veces, sentía que la razón se me iba. Una tarde llegó el director del hospital y me dijo: -Señora Quica, está en libertad. Debe irse a su casa.

Me puse a llorar sobre su hombro mientras el doctor Babaic me daba ánimo”.

Fuente: La Prensa Austral

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